Borghi advierte que Argentina enfrenta una era difícil sin Messi, comparable al vacío post-Maradona
Editado el 9 septiembre 2026 @ 19:02 por Carlos Poirrier Szanto
Claudio Borghi, campeón mundial con Argentina en México ’86 y comentarista radicado en Chile desde hace más de tres décadas, fue directo en su diagnóstico: cuando Lionel Messi deje de vestir la camiseta albiceleste, la selección entrará en un período de incertidumbre comparable al que vivió tras el retiro de Diego Maradona. La advertencia la formuló en entrevista con La Nacion, y pone sobre la mesa una pregunta que el fútbol sudamericano no puede esquivar.
Una incertidumbre que ya tiene precio en los mercados
El equipo editorial de Btcdices sigue de cerca los mercados de apuestas del fútbol latinoamericano, y la pregunta que Borghi articula, que si Argentina seguirá siendo candidata real sin Messi, es exactamente la que esos mercados ya traducen en cuotas numéricas concretas. Borghi señala que la gran diferencia entre hoy y la era post-Maradona es que ahora hay muchos jugadores argentinos instalados en ligas importantes del mundo, lo que les otorga un ritmo diferente al representar a la selección. Esa ventaja estructural matiza el pesimismo, pero no lo cancela. El equipo de Btcdices consulta https://btcdices.com/ para leer y seguir las probabilidades actualizadas en tiempo real sobre el combinado argentino, donde el precio de cada partido resume, número a número, esa misma pregunta sobre el rendimiento post-Messi.
“Va a ser difícil, como fue difícil después de Diego…”
La observación no es nostálgica. Es estructural.
El paralelo entre dos genios irrepetibles y la ventaja que hoy tiene Argentina
Borghi no equipara a Messi y Maradona por afinidad de estilo sino por resultado. Según La Nacion, los define como «dos cuerpos increíblemente tan diferentes en vida, pensamiento y estilos, pero igual de geniales». Lo que los une es la capacidad de resolver situaciones de alta presión con la pelota de forma inmediata, algo que ningún sistema táctico puede replicar por decreto.
En ese marco, Borghi es categórico respecto a Qatar 2022. «Lo de Qatar fue por Messi, no por Argentina», afirmó, argumentando que el mundo entero quería que Messi fuera campeón antes de retirarse y que ganar dos veces habría sido demasiado. La frase no busca restarle mérito al grupo sino dimensionar el peso específico de un jugador capaz de inclinar la balanza global a su favor.
Donde Borghi sí encuentra una diferencia favorable respecto a los años post-Maradona es en la base de jugadores disponibles. En la década siguiente al retiro de Diego, Argentina no contaba con una generación tan extendida en las ligas europeas de primer nivel. Hoy esa presencia masiva garantiza un piso competitivo que antes no existía. El problema, advierte, es que ninguno de esos jugadores resuelve lo que Messi resolvía.
Mastantuono, Echeverri y el costo de saltarse los pasos
La transición generacional tiene nombres propios y resultados concretos. Borghi menciona los casos de Franco Mastantuono y Claudio Echeverri como ejemplos de jóvenes que no lograron afirmarse en sus nuevos clubes europeos. El de Mastantuono lo califica de «muy llamativo», precisamente porque se trata de «un chico que juega muy bien».
El diagnóstico de Borghi sobre ese fracaso es mecánico, no moral. Mastantuono, a su juicio, debería haber pasado primero por un club europeo de menor jerarquía antes de fichar por el Real Madrid. El salto directo desde el fútbol argentino hacia la élite europea implica absorber simultáneamente un choque físico, uno técnico y uno cultural. Tres impactos al mismo tiempo, sin tiempo de adaptación.
Para ilustrarlo, Borghi recurre a su propia historia. Él cometió el mismo error cuando pasó directamente de Argentinos Juniors al Milan. Durante México ’86, con 21 años, ya había sentido la diferencia entre soñar con algo y enfrentarlo en la realidad. «Pensé que esto era otra cosa. Me aburro. Yo soñaba con el Mundial, pero no me lo imaginaba así, tan exigente, tan duro», declaró en aquel momento, palabras que hoy recupera como testimonio de lo que significa llegar antes de tiempo a una exigencia máxima.
La velocidad que no se entrena y la esperanza que sí tiene historia
El fondo del argumento de Borghi sobre por qué los genios no se reemplazan con un sistema es de orden cognitivo. Para explicarlo, describe la velocidad mental de Maradona con una imagen precisa: «Cuando vos estabas empezando a entender la jugada, el tipo la estaba terminando». Maradona llegaba a las mismas conclusiones que sus compañeros, pero en un tiempo incomparablemente menor.
Messi opera bajo la misma lógica. Borghi cita el testimonio de Paulo Dybala, quien afirmó que era difícil jugar con Messi. La explicación que ofrece es que Messi piensa más rápido que casi todos sus compañeros, incluido un jugador del nivel de Dybala, quien habitualmente supera en velocidad de lectura al resto. Si Dybala siente esa distancia, el resto del plantel la siente todavía más.
Esa velocidad de procesamiento no es transferible ni enseñable. Es la razón por la que el sucesor de Messi no puede ser elegido ni construido, solo esperado.
Sin embargo, Borghi no cierra el argumento en el pesimismo. Recuerda que cuando Maradona se retiró, creyó que no volvería a aparecer un jugador de ese calibre. Finalmente surgió Messi. Esa recurrencia, dice, es una bendición. «Quizás salga otro, ¿no? Afortunadamente estos jugadores se nos han dado bastante seguido.» Argentina tendrá que atravesar la era sin Messi con los recursos de una generación sólida pero sin genios garantizados. Si la historia sirve de guía, alguno podría aparecer. Cuándo y desde dónde, eso no lo sabe nadie.
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