Mega incendio y salud mental: cómo enfrentar el impacto emocional tras la catástrofe en el sur
Editado el 22 enero 2026 @ 09:30 por Prensa UCV Radio
Académico de la UCSC explica las reacciones psicológicas más comunes tras desastres de gran magnitud y entrega orientaciones para adultos, niños y familias afectadas.
El mega incendio que golpea a las regiones de Ñuble y Biobío no solo ha dejado un saldo de víctimas fatales, viviendas destruidas y miles de personas damnificadas. Junto con las pérdidas materiales y los esfuerzos por controlar el fuego y avanzar en la reconstrucción, emerge una dimensión menos visible pero igual de urgente: el profundo impacto psicológico que estas catástrofes generan en las comunidades afectadas, y cuyas consecuencias pueden extenderse mucho más allá del término de la emergencia.
En este escenario, el Dr. Cristian Neira, académico de la Facultad de Comunicación, Historia y Ciencias Sociales de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explica que frente a eventos extremos como incendios de gran magnitud, el cerebro activa sus sistemas de supervivencia. “Se pone en marcha el sistema límbico, encargado de la regulación emocional y de responder al peligro. Cuando esta activación es intensa, es completamente esperable que aparezcan reacciones como miedo, angustia, tristeza, rabia, irritabilidad, confusión, sensación de alerta permanente, además de alteraciones del sueño y cansancio físico”, detalla.
Desde la psicología, uno de los principales objetivos en contextos de emergencia es ayudar al cerebro a salir de ese estado de alarma constante. Para ello, el especialista recomienda mantener rutinas básicas dentro de lo posible. “Tener horarios regulares de alimentación, descanso e higiene entrega señales de estabilidad que favorecen la regulación emocional. A esto se suma la importancia del apoyo social, ya que conectar con otras personas reduce el estrés y ayuda al sistema nervioso a sentirse seguro”, afirma.
Otro factor relevante es la moderación en la exposición a la información. De acuerdo con el académico, la sobreexposición a noticias, imágenes o relatos del desastre puede mantener al cerebro en un estado de alerta, como si el peligro siguiera ocurriendo. En contraste, focalizarse en tareas concretas y realizables —organizar el día, cuidar a otros o colaborar en acciones comunitarias— permite recuperar una sensación de control, clave para el afrontamiento emocional.
Respecto del impacto en niños, niñas y adolescentes, el Dr. Neira advierte que su regulación emocional depende en gran medida de los adultos que los rodean. Por ello, recomienda evitar silencios prolongados o mensajes contradictorios. “La falta de información clara aumenta la ansiedad y la inseguridad. Es importante explicar lo ocurrido con honestidad y con palabras simples, adecuadas a su edad, sin entregar detalles innecesarios que puedan generar más temor”, señala.
Asimismo, destaca la importancia de escuchar sus preguntas, validar sus emociones y transmitirles que hay adultos a cargo de su cuidado y protección. “Nombrar emociones como el miedo o la tristeza ayuda a que niños y adolescentes comprendan lo que sienten y aprendan que esas reacciones son normales. El juego, el dibujo o las conversaciones espontáneas son formas naturales de procesar experiencias difíciles y deben ser respetadas y facilitadas”, agrega.
Finalmente, el psicólogo entrega recomendaciones generales de autocuidado para las familias afectadas directa o indirectamente por los incendios. En este sentido, subraya que el malestar emocional es una reacción esperable frente a situaciones extremas y que cada persona tiene su propio ritmo de adaptación. “Forzar una recuperación rápida puede aumentar el desgaste emocional”, advierte.
Hablar de lo ocurrido, mantener los vínculos y evitar el aislamiento favorece la regulación del estrés a nivel familiar, al igual que cuidar el descanso y generar pequeños espacios de calma. No obstante, el especialista enfatiza que, si aparecen señales de alerta como retraimiento extremo, desorientación persistente o ideas de hacerse daño, es fundamental buscar apoyo profesional oportunamente. “La salud mental es un componente central del proceso de recuperación y reconstrucción, tanto a nivel individual como comunitario”, concluye.
Desde una mirada complementaria, la UCSC ha reforzado también el acompañamiento espiritual como parte del proceso de contención. Al respecto, el director de Pastoral UCSC, padre Víctor Álvarez, destacó que en momentos de profundo dolor y pérdida, el acompañamiento espiritual resulta clave para entregar consuelo y esperanza. En esa línea, señaló que la comunidad universitaria se ha unido en oración por las víctimas y por las familias afectadas, reafirmando su compromiso de brindar contención integral, tanto emocional como espiritual, a estudiantes, trabajadores y a la comunidad en general.
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