Ruido estival en playas y zonas turísticas: el enemigo invisible del descanso y la salud mental
Editado el 14 febrero 2026 @ 13:55 por Prensa UCV Radio
Especialistas advierten que la exposición prolongada a ambientes ruidosos no solo afecta la audición, sino también el descanso, la concentración y la salud mental.
Lo que para muchos representa descanso y desconexión, para otros se transforma en una fuente constante de estrés. Durante la temporada estival, playas concurridas, fiestas nocturnas y locales con música amplificada elevan significativamente los niveles de ruido en zonas costeras y residenciales, generando un impacto que va más allá de la simple molestia.
Según la Organizacion Mundial de la Salud, más de 430 millones de personas en el mundo viven con pérdida auditiva discapacitante, cifra que podría superar los 700 millones hacia 2050. A este escenario se suma un efecto menos visible, pero igualmente relevante: el deterioro del bienestar emocional asociado a la exposición constante al ruido.
Víctor Astudillo, fonoaudiólogo de GAES Chile, explica que la combinación de música continua, descanso fragmentado y ausencia de pausas auditivas puede provocar irritabilidad, fatiga, dificultades de concentración y aumento de la ansiedad. “El cuerpo se mantiene en estado de alerta, lo que repercute directamente en la calidad del sueño y en el equilibrio emocional”, señala.
El impacto también puede manifestarse físicamente. El estrés sostenido afecta el funcionamiento de la trompa de Eustaquio, generando sensación de presión o de oídos tapados. Asimismo, la constricción de vasos sanguíneos y el aumento de la presión arterial pueden reducir el flujo de sangre hacia el oído interno, comprometiendo las células sensoriales responsables de la audición.
Entre las consecuencias más frecuentes figura el tinnitus —zumbido persistente en los oídos—, condición que suele intensificarse en periodos de alta carga emocional. Los especialistas advierten que los elevados niveles de cortisol pueden dañar las células ciliadas del oído interno, que no se regeneran, provocando pérdidas auditivas irreversibles.
Además, el estrés prolongado puede alterar la comunicación entre el cerebro y el sistema auditivo, generando dificultades para procesar sonidos incluso sin daño estructural evidente. En algunos casos, también puede producir episodios temporales de disminución auditiva asociados a alteraciones hormonales.
Frente a este escenario, los expertos recomiendan adoptar medidas preventivas: evitar escuchar música a alto volumen por tiempos prolongados, incorporar pausas de silencio tras la exposición a ambientes ruidosos, utilizar tapones auditivos en contextos de alta intensidad sonora y prestar atención a síntomas persistentes como zumbidos, irritabilidad o fatiga.
Proteger la audición, subrayan, es también una forma de resguardar la salud mental, especialmente en un verano donde el ruido puede convertirse en un factor silencioso de desgaste.
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